Comentario del Dr. Ricardo Bello

親愛なる伊藤さん、スペイン文学に関する最新の記事を読んでとてもうれしく思いました。(Querido Ito san, quedé encantado de leer su reciente artículo sobre la literatura española.)

Leí con interés su artículo y recuerdo también haber leído en Venezuela su traducción del libro de Saikaku Ihara. Me sorprendió mucho la descripción de cómo se preparaban entonces los grupos familiares para recibir el año, engañando de mil formas a los acreedores. Estudié la picaresca en la universidad, pero mi favorito siempre fue el Guzmán de Alfarache de Mateó Alemán, un escritor prodigioso, más complicado que los pícaros usuales, que termina desarrollando al final de su vida una conciencia moral típica del cristianismo de la Contrarreforma, con mucha culpa y menos alegría que los pillos de Quevedo y compañía. La poesía de Quevedo, de todos modos, es algo así como la Capilla Sixtina de la poesía española. Su poema “Amor constante, más allá de la muerte” es una de las más bellas construcciones literarias del castellano jamás escrita, que recuerdo haber analizado en clase, con la ayuda del libro de Dámaso Alonso. Recuerdo también en la picaresca latinoamericana al Periquillo Sarmiento del mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi, más tardío que sus primos españoles, pero igual de sinvergüenza y ladrón.

Papá se reía mucho con la Picaresca y releyó muchas veces La celestina, La pícara Justina, el Lazarillo de Tormes y Quevedo, por supuesto. Y papá fue la persona más alejada del pícaro que he conocido, muy severo, de una corrección exacerbada. Tenía un doctorado en ingeniería, pero su conciencia le hizo después estudiar filosofía hasta llegar a dar clases de Kant en la Escuela de Filosofía de la UCV.

Algún día, no muy lejano, espero, podré leer a Saikaku Ihara en su hermoso idioma original.

Ricardo

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