La verdad sospechosa. Por Juan Ruiz de Alarcón

 Juan Ruiz de Alarcón (¿1580? – 1639) fue un importante dramaturgo del Siglo de Oro español. Su obra se caracteriza por el dominio del diálogo humorístico y el uso de una tesis para satirizar las debilidades humanas comunes.

 Ruiz de Alarcón nació en Taxco, Nueva España (México), en el seno de una distinguida familia española. Fue educado en México y en España y obtuvo dos títulos en leyes. Se instaló en España en 1614 y se convirtió en autor teatral, y fue allí donde obtuvo la mayor parte de su éxito.

 Quizás el origen colonial de Alarcón y sin duda su defecto físico, pues era jorobado, inspiraron las monstruosas burlas dirigidas a él, como “camello enano”, “mono”, etc. Aunque el escritor respondía con igual genio, su amargura se volcaba en sus obras, con personajes que carecían de gracia física, pero eran poseedores de una fuerza moral impresionante. Al mismo tiempo, varios de sus personajes físicamente atractivos provocaban desaprobación debido a algún defecto moral.

 La verdad sospechosa es una obra donde triunfa la comedia de caracteres sobre la comedia de enredos y es bastante difícil de entender.

 Tiene como personaje principal a don García, un joven educado y correcto, perteneciente a una familia rica y aristócrata, pero con tendencia a mentir. Al día siguiente de llegar a Madrid, tras haber terminado sus estudios en la Universidad de Salamanca, se encuentra con dos damas, doña Jacinta y doña Lucrecia. Ellas son amigas. Don García se enamora de Jacinta de un flechazo y le dice que viene del Perú, que es muy rico y que puede comprar lo que quiera, que él lo pagará, inventando toda una red de mentiras para ganársela. Don Juan, amigo de García en Salamanca, está enamorado de Jacinta y se pone rabioso de celos al enterarse de las pretensiones de su antiguo amigo. Beltrán, padre de García, trata con Sancho, tío de Jacinta, para casar cuanto antes a García y a Jacinta.

 Por otra parte, Jacinta conviene con Lucrecia verse a medianoche con García en el balcón. Llegado el momento, aparece García y piensa que habla con Lucrecia, pero en realidad habla con Jacinta, haciéndose pasar por la otra. Lucrecia, presente, empieza a enamorarse de García porque éste jura y perjura que la ama. Jacinta le deshace sus mentiras y García queda estupefacto.

 Al final, víctima de sus propios enredos y forzado por ellos y por los encolerizados padres de los novios, don García debe casarse con quien no ama, Lucrecia, y es don Juan quien se casa con Jacinta.

 Probablemente el autor desea sugerir que la nobleza verdadera no la da el linaje ni las apariencias, sino las buenas acciones.

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