El alcalde de Zalamea

 Es una obra teatral de Calderón de la Barca (1600 – 1681), igual que La vida es sueño, antes presentada aquí. Calderón se considera como uno de los reyes del teatro español, comparable a Lope de Vega, y sus historias personales son también similares. Ambos nacieron en una familia de hidalgos, que sirvieron al rey como soldados, Lope perteneciendo a la Armada Invencible y Calderón tomando parte en la campaña para sofocar la rebelión de Cataluña contra la Corona. Ambos recibieron las órdenes sacerdotales, y fueron nombrados como capellán mayor del rey, un rango alto en la Corona de Castilla, pues se encargaba de atender las necesidades espirituales del monarca. Sin embargo, mientras Lope fue llamado <<Monstruo de la Naturaleza>> por su fecundidad literaria, Calderón llamado <<Monstruo de Ingenio>> por su racionalismo artificioso, como la antítesis de Lope.

 La obra comienza cuando un grupo de soldados, quienes, en una de sus misiones por llegar a Portugal bajo el reinado de Felipe II, descansan en un pueblo llamado Zalamea de la provincia de Extremadura. El capitán de ese grupo de soldados decide hospedarse en la casa de don Pedro Crespo, uno de los propietarios más ricos de la región. Él vive junto a sus hijos, Juan e Isabel, esta última era una joven muy hermosa y atractiva, por lo que al saber don Pedro que el capitán se hospedaría en su casa, acuerda con su hija que debía ocultarse para que el capitán no la encontrara.

 Pero el plan de don Pedro no funciona, ya que el capitán se entera de que Isabel se encuentra oculta en el desván de la casa. Así que decide ingeniar un plan para poder llegar hasta la habitación en donde se encuentra la joven, entonces finge tener un enfrentamiento con uno de los soldados y con ese engaño entra a la habitación donde estaba escondida Isabel.

 El capitán al ver a Isabel se enamora perdidamente de ella, pero de inmediato don Pedro se percata de que el capitán ha encontrado a su hija. Esta situación enfada mucho a don Pedro y comienza una discusión con el capitán. Al mismo tiempo que se produce el altercado, uno de los soldados va con don Lope, quien es el general del grupo y le informa de la pelea. Éste, al saber el motivo de la discusión, decide que en vez de ser el capitán quien se hospede en casa de don Pedro, será él mismo quien lo haga, para evitar más conflictos.

 Cuando los destacamentos se van de Zalamea, y con ellos parte también Juan Crespo, que se ha alistado en el ejército, el capitán, con la ayuda del sargento rapta a Isabel y se la lleva para violarla. Isabel huye, y cuenta a su padre su deshonra.

 Mientras Pedro Crespo vuelve a Zalamea meditando su venganza, el consejo municipal se ha reunido y ha nombrado alcalde del pueblo al padre ultrajado. Pedro suplica al capitán como padre, rogándole humildemente que repare la falta cometida y se case con Isabel, y después, cuando advierte que el soberbio noble no está dispuesto a aceptar, le juzga y le condena a muerte.

 Se discute la legitimidad del juicio de un alcalde villano contra un militar de clase nobel y se pide la decisión del rey Felipe II. El rey, tras un examen del caso, apoya la decisión de Pedro Crespo y además nombra a don Pedro como alcalde perpetuo de Zalamea. Isabel ingresa en el convento y todas las demás personas son perdonadas.

 El tema de esta obra es la lucha entre el capitán que, respaldado por la autoridad de la nobleza, aplasta sin vergüenza a los villanos y un alcalde que cree en el poder absoluto de la justicia.

 Según un amigo mío español que vive en Badajoz, El Alcalde de Zalamea se representa desde hace muchos años en el pueblo de Zalamea de la Serena, provincia de Extremadura todos los años, aún hoy en día. Después de unos primeros años en que fueron liderados por un director de teatro profesional, los vecinos del pueblo (de unos 3.000 habitantes) representan estupendamente los distintos personales de la obra. También intervienen jinetes a caballo y todo el pueblo está decorado como si fuera la época medieval.

 La obra se representa en una plaza muy antigua y todos los vecinos se la saben de memoria. Esta obra transmite los sentimientos del pueblo español del siglo XVII, o sea, la fe en Dios, la lealtad al Rey y la dignidad humana.

 En Japón, por otra parte, el espíritu similar se conoce con el nombre de Bushido o el espíritu de samurái (guerreros) a partir del surgimiento de la clase guerrera en el siglo XIII. En el siglo XVII, uniéndose con el confucianismo se perfeccionó este espíritu, que consiste respetar valores como lealtad, valentía, sacrificio, vergüenza, cortesía, honor, simpleza y sinceridad. En el Japón moderno, también ese espíritu o moral se sigue respetando para ser un hombre verdadero.

 En Japón también, existía en el dominio (antecedente de las modernas prefecturas) de Kaga, un régimen especial llamado tomura (diez aldeas) que significaba “gran alcalde” a quien se le permitía llevar la espada siendo un agricultor y poseía también el derecho judicial.

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