Eternidad es un breve cuento que representa el inicio del libro de memorias de Azorín “Madrid” escrito en1941 en la que se relata su visión de la Generación del 98. Me da la impresión de que allí se expresa muy bien su concepto de la vida ascética.

No necesito nada, gracias a todos. He sido escritor famoso, y ya no lo soy. No soy ni escritor, ni famoso. No me conoce ya nadie. La carretera pasa al pie de la colina. El caminejo que sube hasta la casa, va formando eses en la ladera cubierta de plantas aromáticas. La casa tiene dos altos. No es espaciosa, sino chiquita. En el cuarto de la planta baja me he acomodado yo, y arriba, en el piso principal duermen Sunsiona y el tío Andreu, matrimonio del pueblo. El pueblo se halla a seis kilómetros de estos parajes. Para ir a él es preciso descender hasta otra colina más baja. Para ir desde esa colina a la estación del ferrocarril, necesitamos seguir descendiendo otros dos kilómetros.
El mar no está lejos. Y ese mar es el Mediterráneo. Treinta kilómetros separan la casa del Mediterráneo. Sol hay en esta tierra casi todos los días del año. El ambiente es seco.
No necesito nada. He cumplido mi labor. He escrito mucho, y ya no escribo nada. No sé lo que voy a hacer aquí, ni cuánto tiempo estaré en la casa. Los alimentos aquí son parcos y elementales. Cuando yo escribía procuraba también que mi estilo fuera parco y elemental. Pero ser elemental es cosa muy ardua.
No recibo ninguna carta, ni vendrá nadie a verme. El tiempo ha pasado. Los hombres y las cosas se han sucedido. No quería pensar y estoy pensando. Escribo esto para mí mismo. Han pasado, decía, hombres y cosas, se ha transformado el mundo, son otros los gustos de las gentes. Y sin embargo, una íntima sensación me conmueve. El presente de hace cincuenta años, no se ha convertido en pretérito. Nada se ha desvanecido en el tiempo. Tengo la certidumbre honda, inconmovible, de que todo es presente. No hay más que un plano del tiempo, y en ese plano -presente siempre- está todo. Junto a nosotros presentimos como presentes el pasado y lo futuro. ¡Y no podemos apartar un poquito el velo que nos oculta el gran misterio! Si algún motivo para la serenidad espiritual tengo en esta casa, lejos del mundanal bullicio, olvidado de todos, sin que nadie se acuerde de mí, es esta sensación de eternidad presente. Eternidad en que todos -los de antes y los de ahora, los de hace diez mil años y los actuales, los olvidados y los famosos, los que no son nada y los que son prepotentes- estamos a la par, viviendo el mismo tiempo, siendo unos y otros todo, o no siendo nadie nada. Nada en la inmensa eternidad que nos envuelve a todos.

Comentario
El mejor de todos. Maravillosas las reflexiones finales.
Gracias por el gran placer que he sentido al leerlo