El Buscón por Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo (1580‐1645) es un narrador y poeta representativo del Siglo de Oro de España y esta obra pertenece al género conocido como novela picaresca. Según el Diccionario de la Real Academia Española, el pícaro se define como un personaje de baja condición, astuto, ingenioso y de mal vivir. La obra se caracteriza por su sátira mordaz, así como también por su ingenio y humor, como Don Quijote. Yo la leí por primera vez hace cuarenta años en ocasión de mi regreso temporal de México a Japón por las vacaciones, la segunda vez hace ocho años y ésta ha sido la tercera vez. 

Quevedo es un escritor realmente sarcástico, siendo a la vez un prodigio genial en el uso del lenguaje. Tiene un estilo vehemente y atractivo, pero su vocabulario sorprendentemente amplio, que incluye argots de la clase baja, a veces entorpece a los japoneses su lectura fluida en el texto original.       

Don Pablos, el protagonista, es hijo de un peluquero pobre de Segovia. Cuando comenzó a ir a la escuela, se hizo muy amigo de Don Diego, hijo de una familia rica. Este fue enviado a un pupilaje y Don Pablos también como su criado. Pero no les dieron de comer suficientemente y los dos, sin poder dormir a causa del hambre, se quedaron en los huesos. Los doctores ordenaron que por nueve días no hablase nadie en voz alta en su aposento, porque como tenían vacíos los estómagos, sonaba en ellos el eco de cualquier palabra. Posteriormente cuando Don Diego entró en el Colegio de Alcalá, Don Pablos también le acompañó. Fue víctima de la novatada típica del Colegio español y sufrió más que en la hospedería, pero se las arregló para resolver sus trances difíciles. De allí que, siguiendo el refrán “Haz como vieres”, se resolvió en ser bellaco con los bellacos, y más que todos, si más pudiese, iniciando así una vida nueva.

Pronto aprendió a robar y se hizo con dos puercos del mejor garbo de la casa y a falsificar las cuentas de las compras encargadas, con el uso de todos los ardides, chupando de esa manera como sanguijuelas. Un día sucedió que, como el ama de la casa llamaba con – ¡pío, pío” a sus gallinas, le amenazó diciendo que podría ser juzgada por la Inquisición por el delito de burlar al Papa Pío, y recibió dos gallinas por ocultarlo. Sus compañeros le alabaron el ingenio con que salía él de estas travesuras y se animó para hacer muchas más. Y prosiguió su camino de ser un pícaro profesional.

La literatura clásica japonesa no cuenta con un género análogo a las novelas picarescas. Sin embargo, podría citarse Este mundo astuto de Ihara Saikaku (1642 – 1693), cuyas historias o anécdotas tienen de alguna manera puntos en común con aquel género español. Como su subtítulo dice El día de fin de año vale mil piezas de oro, se trata de cuentos que describen distintas figuras de comerciantes de Osaka en la Nochevieja en aquellos tiempos. Entonces se acostumbraba generalmente vender al fiado y la Nochevieja era el día del balance general del año. Por lo tanto, en Este mundo astuto, aparecen los cobradores que se esfuerzan desesperadamente por recuperar las cuentas pendientes y los deudores que tratan de evadir el pago a toda costa para recibir sonrientes el Año Nuevo. 

Traducción de Masateru Ito "Ihara Saikaku - Este mundo astuto"

Muchos deudores se ausentan de su casa en la Nochevieja para rehuir a los cobradores, pero un hombre, sentado en la esquina de su jardín, está afilando un cuchillo de cortar pescado. 

-“Me ha costado un enorme esfuerzo amolar este cuchillo, pero no hay nada que se pueda cortar con él. ¡Ni una pequeña sardina! Con todo, pudiera servir como un objeto útil. En cualquier momento podría enfurecer hasta el punto de querer matarme. Después de todo, nuestro humor pasajero es de tal naturaleza que no hay garantía alguna de poder controlarlo para siempre”. Perorando de tal guisa, blandía su espada, y su aspecto parecía poseído por el demonio. Precisamente en ese momento apareció una gallina cloqueando. -”Ven, gallinita”, la llamó,-te llevaré conmigo en mi viaje al otro mundo-. Con un solo golpe de su filosa espada le cortó la cabeza. Al ver aquel inusitado espectáculo, los cobradores que habían estado aguardándolo quedaron presas del susto y uno tras otro se fueron retirando.  En Este mundo astuto, se relatan no solamente las historias de los cobradores, sino también las de figuras de distintos comerciantes con graciosas anécdotas. Esta obra clásica japonesa nos recuerda las novelas picarescas de España.

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